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Chupete

Existen diferentes tipos de chupetes, en función del material del que está hecho (látex, silicona), de la forma de la tetina (redonda, anatómica…), y de la edad para la que están pensados (el tamaño de chupete adecuado aumenta con la edad del niño).

No es necesaria la introducción del chupete, por lo que no es imprescindible comprarlos, pero se pueden utilizar, en caso de preferirlo por parte de la familia y del niño.
El comprar un chupete de silicona/látex, o de una forma determinada, depende de la preferencia del bebé. A veces se han de probar diferentes tipos para saber cuál prefiere.

Si rechaza varios tipos de materiales y formas, no se debe insistir.

Cuando se usa chupete se debe cambiar frecuentemente, normalmente a partir de las cuatro semanas de uso, que es cuando el material se empieza a degradar y puede generar problemas (grietas, que se desprenda alguna parte, que se contamine por hongos…).

Además, se recomienda esterilizarlos antes de su primer uso.
Es importante que la retirada del chupete se haga al año de vida, momento en el cual ya no se deberían comprar ni ofrecer más chupetes al bebé.

El uso del chupete es una cuestión personal, tanto la decisión familiar de introducirlo o no, como el hecho de que el propio bebé lo acepte o lo rechace.
Algunos niños lo aceptan de buen grado, y puede ser una ayuda, ya que en determinados momentos ayuda a calmar al bebé, y además disminuye el riesgo de muerte súbita en lactantes menores del año. Otros niños lo rechazan desde un primer momento (les produce arcadas, lo escupen…) y no pasa nada. En esos casos no se debe insistir. No se debe utilizar ningún objeto para que se le «aguante el chupete y no lo escupa», pues podría producirse asfixia al no poder el bebé liberar su vía aérea libremente.
Es importante que el chupete no se introduzca antes de las seis semanas de vida en lactantes amamantados al pecho. Esto es así porque suele ser a esa edad cuando la lactancia ya está bien establecida, con un buen agarre y succión por parte del bebé. Si se introducen tetinas o chupetes antes de esa edad, se corre el riesgo de originar el síndrome de confusión de tetina-pezón. Este síndrome consiste en que el bebé que toma pecho, empieza a succionar mal de él o a agarrarse mal, porque succiona o agarra como lo hace del chupete o tetina. Esto puede producir problemas de alimentación (el bebé no consigue coger bien la areola y pezón por lo que no consigue un buen flujo de leche durante la toma), se produce dolor o grietas/heridas en el pezón y provoca abandono precoz de la lactancia materna por estos problemas.
En lactantes que por algún motivo no lactan directamente del pecho (porque toman lactancia materna diferida de forma permanente o fórmula) se puede introducir el chupete desde el primer día.
Es importante que el chupete no se use para aumentar el tiempo entre tomas, ni para distraer el hambre, porque la lactancia debe ser a demanda para evitar problemas de alimentación como desnutrición o deshidratación.
No se debe «engañar al bebé» con el chupete. En cambio, se puede usar para calmar al bebé si se ha descartado hambre, o le cuesta quedarse dormido sin realizar succión no nutritiva.
La succión no nutritiva es cuando necesitan succionar del pecho, no para nutrirse, sino para calmarse y sentirse seguros. A veces esto es un problema para las madres, que no pueden delegar en otro cuidador el momento de acostar al bebé, o que tienen tanto tiempo el bebé al pecho que les ocasiona molestias en el pezón o el pecho. En estos casos el uso de chupete puede ser de gran ayuda.

El chupete es un elemento de ayuda para muchas familias, ya que ayuda a calmar al bebé, relajándolo para conciliar el sueño o incluso como analgésico en el lactante pequeño.
No se debe introducir antes de las 6 semanas en niños alimentados al pecho.
No todos los niños aceptan el chupete y su uso no es necesario. Pero en aquellos casos en que el niño lo tolera y lo quiere usar, tiene algunas ventajas además de las mencionadas. Por ejemplo, la prevención de la muerte súbita del lactante, hasta los 12 meses de vida.
Los niños que usan chupete habitualmente pueden tener dificultades a la hora de eliminar el hábito.
Conviene no prolongar su uso más allá de los 12 meses de vida, porque puede causar problemas de malposición dental o de maloclusión, por ejemplo. Además, el uso más allá de los 12 meses puede favorecer la otitis media aguda (inflamación e infección del oído medio).
Para algunos niños funciona la retirada brusca, para otros ha de ser progresiva para evitar que sea traumática. Se debería haber eliminado por completo antes de los 18 meses.
Inicialmente se intentará que solo se use para dormir, dejándolo en la cuna, por ejemplo. Más tarde se retirará también a la hora de dormir. Si el niño se muestra ansioso por la retirada, se puede probar de ofrecer otro objeto en sustitución (un peluche, una mantita …) que le dé seguridad para quedarse dormido fácilmente.

El chupete es un elemento indispensable para algunas familias, ya que tranquiliza y analgesia al bebé mediante la succión no nutritiva.
No todos los bebés lo utilizan, pero en los que lo hacen tiene algunas ventajas como la prevención de la muerte súbita en el primer año de vida.
Se puede usar desde las seis semanas de vida en niños alimentados al pecho, dando tiempo las primeras semanas de vida a instaurar bien la lactancia materna y evitar el síndrome de confusión tetina-pezón.
Lo ideal es usar chupetes anatómicos entonces, aunque al final es el bebé el que decide que forma (anatómico, redondo) quiere utilizar.
Pasa lo mismo con el material del que están hechos, principalmente látex o silicona, el bebé puede preferir uno y rechazar otro.
Se recomienda cambiarlo al mes o dos meses de uso, atendiendo siempre a su estado, comprobando que no tiene roturas, ni cambios de coloración que no estén especificadas por el fabricante (aquellas normales por la esterilización, por ejemplo).
Es importante iniciar la retirada del chupete a los 12 meses de vida.