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De cuatro años en adelante

Lo primero es observar cuando aparecen los síntomas, (que suelen ser dolor abdominal, hinchazón abdominal, gases y diarrea).

Si se identifican después del desayuno con leche, (probablemente a la lactosa), o después de la fruta o verdura en exceso (fructosa) o con las chucherías o alimentos preparados, (sorbitol).

Cuando se sospecha un grupo de alimentos concreto, se realiza un test de hidrógeno espirado, que consiste en tomar un preparado rico en aquello que se sospecha que genera la intolerancia, (por ejemplo leche en caso de la lactosa), y soplar en un aparato que mide la cantidad de hidrógeno que se espira. Cuando está aumentado se dice que puede haber intolerancia a dicho elemento.

Después hay que probar con qué cantidad de dicho alimento aparecen los síntomas, (por ejemplo pueden aparecer con cinco piezas de fruta y verdura al día pero no con solo tres), para determinar qué cantidad se puede consumir habitualmente sin tener que retirarlo por completo de la dieta.

Lo primero es valorar cuando sucede el sangrado (inicio, final o durante toda la defecación) y si sale sangre roja, o las heces aparecen teñidas de negro y con textura muy pegajosa.

En cualquier caso, hay que acudir al pediatra para hacer la historia clínica, inspeccionar el ano y comprobar si existen hemorroides o fisuras, que es lo más habitual. Las fisuras son pequeñas heridas que se producen por estreñimiento.

Conviene revisar la dieta del niño, asegurarse de que ingiere verduras en cada comida principal, frutas regularmente, que bebe suficiente agua y que defeca cada día.

Si la dieta y el hábito son correctos y el sangrado persiste, se debe acudir de nuevo al pediatra.

Enseñar a los niños a tolerar la frustración es un deber inexcusable de los padres. Debe ser enseñado con cariño y aprovechando los momentos en los que el niño está calmado. Es una tarea que debe iniciarse desde etapas tempranas de la vida, cuando se inician las rabietas (dos-tres años de edad) adecuando la forma de intervención a la edad del niño.

La rebeldía más estructurada, ya no como una simple rabieta, se manifiesta más adelante, a los 6 años del niño o un poco antes. Si es muy marcado y sucede en todos los ámbitos de la vida del niño (escolar y familiar fundamentalmente), conviene descartar problemas que tengan que ver con el neurodesarrollo. Pero como norma general, siempre es importante ofrecerle al niño mucha seguridad y rutinas seguras y aprovechar los momentos de calma para comunicarse.

Se deben evitar las horas de máxima radiación solar, exposición en tiempos cortos, y en ocasiones con el cuerpo cubierto. Si tiene un brote de dermatitis atópica la zona debe ser protegida.

A nivel de protección, poner un factor de protección alto (50 o más) y recambiarlo al menos cada dos horas o cada vez que se bañe.

El bronceado no es un objetivo de salud. Finalmente tras un día en la playa o al aire libre expuesto al sol, la piel debe ser hidratada adecuadamente.

Hay niños que sudan más que otros, es una reacción fisiológica. El exceso de peso también lo favorece. Si es más llamativo, es recomendable consultarlo con el pediatra.

Lo mejor es que, cuanto antes pueda, utilice calzado abierto. Existen unos polvos que se pueden aplicar al calzado para mantenerlo seco, y se pueden usar desde los 3 años (funsol), tanto por fuera como por dentro del calcetín.

Por casa que utilice chanclas abiertas de esta manera evitará los hongos en los pies.
El desodorante simplemente tapa el olor, y esto no será necesario si se mantiene el pie seco.

También es recomendable el cambio frecuente de calcetines y uso único de zapatillas de deporte cuando tenga que hacer deporte, el resto del tiempo se debería poner un zapato que transpire.

Muchas veces algunas letras tardan en pronunciarse correctamente, típicamente consonantes como la «r» o combinaciones de consonantes («dr», etc…). De todas formas, si a los 4 años no se ha resuelto es recomendable comentarlo con el pediatra para que valore la necesidad de derivarle a un logopeda.

La enuresis diurna en principio debe ser estudiada, en las secundarias (aquellas que se producen en pacientes que previamente no las tenían), deben descartarse fundamentalmente causas psicológicas (estrés, ansiedad, celotipias) sin por ello excluir algún otro tipo de causa.

Por otro lado, en las primarias (niños que no llegan a alcanzar nunca el control) , hay que descartar algún defecto orgánico y revisar los antecedentes familiares de casos similares. En todos los casos las enuresis diurnas deben ser estudiadas por el pediatra.

Para entrenar o reforzar el control vesical en niños que ocasionalmente mojan la ropa interior, puede enseñarle que al ir al baño, interrumpa la micción y cuente hasta 5 antes de seguir orinando. Esto se puede hacer un par de veces en cada micción.

La primera revisión en el odontólogo debería ser antes de los 6 años, (incluso antes si se observa alguna anomalía).

En cuanto a la visión, a lo largo de los primeros 3-4 años de vida es el pediatra en ausencia de signos de alarma quien revisa al niño y descarta la presencia de problemas. L

a mayoría de los profesionales recomiendan, aunque no hay consenso absoluto, que a la edad de los 4 años, aún sin signos de riesgo, sean valorados por un oftalmólogo. Posteriormente a partir de los 6 años, se recomienda evaluación anual o bianual en el optometrista que si detecta alteraciones, estas deben ser evaluadas por el oftalmólogo.

Es importante distinguir el tipo de enuresis nocturna, la más común es la enuresis nocturna monosintomática primaria, es decir, se produce sólo de noche, no se asocia a ningún otro síntoma, y el niño no ha tenido noches secas de forma regular previamente.

En estos casos, en los que suele haber antecedentes familiares, cuando se prolongan por encima de los 6 años y valorando el interés del niño y sus padres en intervenir, se puede considerar el uso de dispositivos de alarma u hormona antidiurética.

Es importante recordar que esto se resolverá espontáneamente a lo largo del tiempo. Todas aquellas enuresis nocturnas que no encajen en esta definición deben ser consultadas.

A los 6 años es la edad en que suelen caer los primeros incisivos de la dentición caduca, a partir de ahí van perdiendo los 8 poco a poco y van saliendo los definitivos al mismo tiempo. Los programas de salud bucodental establecen diferentes revisiones en cada Comunidad Autónoma, consulta con su pediatra las características del programa de su comunidad, y recuerde que al menos una visita al año a partir de los 4 años es recomendable.

A esta edad se trata de buscar juegos que lo motiven, a veces no es problema de concentración sino de interés.
Es recomendable usar el juego y las rutinas diarias para practicar, cuando se enseñan los conocimientos que surgen en la vida diaria se pueden asimilar mejor.
Por ejemplo se pueden ordenar unos cajones numerándolos con letras en orden y practicar ese orden mientras se recogen los juguetes con el niño.
También existen libros en los que cada página practica una letra, y también se puede jugar a buscar las letras en el libro para que vaya asimilando el orden.