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NUTRICIÓN DEL BEBÉ

Lactancia

El biberón se puede preparar en agua a temperatura ambiente, incluso los bebés digieren mejor a esta temperatura. Sin embargo algunas leches en polvo se disuelven mejor si el agua está templada, nunca a más de 36,5ºC para evitar el riesgo de quemaduras.

El biberón se puede calentar una vez preparado o se puede calentar previamente el agua.

Para la extracción de leche cada madre debe ir probando su mejor momento para hacerlo. Los pechos producen más leche si se extrae leche, y si están llenos, el cuerpo reduce la producción, porque no es necesario esperar a que se llenen ya que podríamos comprometer la producción a largo plazo.

Si a un bebé se le diagnostica reflujo, (es diferente de las regurgitaciones), su pediatra debe valorar si hay interferencia con el peso para valorar establecer un tratamiento. Aumentar las tomas no es una solución adecuada.

En un embarazo normal (no de riesgo) y que progresa correctamente, la decisión de continuar con la lactancia natural depende del bienestar de la madre y el niño/a lactante.

El destete debería considerarse en las siguientes situaciones: embarazo gemelares, embarazo de alto riesgo, contracciones durante la toma, hemorragias vaginales, amenazas de aborto o de parto prematuro o falta de aumento adecuado del peso corporal durante el embarazo.

En principio no pasa nada siempre que se trate de leches de la misma etapa del desarrollo del bebé.

Las recomendaciones actuales son: lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y después ir añadiendo alimentos progresivamente; las pautas de introducción varían mucho entre regiones y culturas, y no hay evidencia científica para establecer una secuencia definida.

No hay alimentos mejores que otros para empezar, aunque se recomienda ofrecer de manera prioritaria alimentos ricos en hierro y zinc, e introducirlos alimentos de uno en uno, con intervalos de unos días, para observar la tolerancia y la aceptación, sin añadir sal, azúcar ni edulcorantes, para que el bebé se acostumbre a los sabores naturales de los alimentos.

Otra cuestión es si se debe retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos más allá de los 6 meses. Si bien ha sido una práctica común en el pasado retrasar la introducción del gluten y el huevo, no hay evidencia que el retraso ayude a prevenir el desarrollo de alergia, independientemente del riesgo individual.

Por ello en ausencia de evidencia respecto a la mejor estrategia para prevenir el desarrollo de alergias alimentarias, lo idóneo es seguir las pautas de la OMS mencionadas anteriormente.

En el caso de la lactancia natural, los argumentos a favor de hacerlo bajo demanda son sólidos, se estimula más la producción de leche, el vaciado y tránsito de la leche materna en el tubo digestivo del bebé es más rápido y sencillo, las necesidades de alimentación son más frecuentes en los recién nacidos que en los lactantes más mayores, y si el bebé succiona sin hambre, no sucede nada negativo, al contrario, se está estimulando la producción de leche. Pasados dos o tres meses, para la madre será muy sencillo anticipar el momento en el que el bebé necesita alimentarse.

Para preparar biberones se puede utilizar agua del grifo, sin embargo, en ocasiones esta tiene mal sabor, por lo que también se puede optar por agua embotellada.

A nivel de seguridad ambas son buenas. Lo ideal es calentar el agua hasta ebullición y dejar enfriar dos minutos antes de añadir la leche en polvo.

Si la idea es dar el pecho al bebé tras la toma del biberón, lo recomendado es comenzar con una cantidad de 60 cc – 90 cc. según la edad del bebé.

En estas situaciones se debe hacer una evaluación cuidadosa y detallada de la situación. Lo idóneo es una supervisión directa de la toma por el equipo de pediatría y la matrona, y cada caso se debe afrontar de forma individualizada, ya que las causas son variables y asimismo las soluciones.

En general hay que reforzar la confianza de la madre e informarla que habitualmente es una situación pasajera. A lo largo de ese tiempo, se debe ofrecer el pecho a demanda, y si lo rechaza, la madre debe extraer la leche para mantener la producción y evitar la ingurgitación mamaria.

La leche extraída se ofrece mediante una cuchara, un vaso, un suplementador o, en último término, mediante un biberón.

A continuación hay que tratar de volver a la situación previa, aunque puede ser necesario un tiempo para que las tomas vuelvan a ser como al principio.

La duración de las tomas depende de la edad, en la mayoría oscila entre 20 y 45 minutos con una referencia genérica de 30 minutos.

Hay que tener calma y perseverar ya que si están somnolientos, en ocasiones en los recién nacidos, el tiempo se alarga.

A lo largo del tiempo el niño/a es más efectivo vaciando los pechos de forma que en bebés de 4-5 meses el tiempo puede reducirse significativamente.

El sucedáneo de leche materna es un suplemento, por tanto se ofrece posteriormente al pecho en las raras ocasiones en que es necesario.

Las tomas que ella no pueda darle al bebé pueden ser sustituidas por un biberón de leche extraída. Al principio es posible que el bebé lo rechace ya que asocia la alimentación a la madre y además se debe acostumbrar a la tetina del biberón a la que no está acostumbrado. Así que hay que tener paciencia y seguir intentándolo.

No hay una respuesta científica; lo habitual, es recomendar que cada bebé succione de un pecho distinto en cada toma, para estimular los dos y que que la producción de leche de ambos sea homogénea.

Es importante recordar que en muchas ocasiones la producción de un pecho si se vacía adecuadamente, es suficiente para alimentar a un bebé.

En lo relativo a los gemelos, en las primeras tomas se suele recomendar hacerlo de forma sucesiva, pero una vez hay práctica y seguridad por parte de la madre, lo idóneo es hacerlo de forma simultánea para estimular al máximo la producción de leche.

Cuando el bebé no solicita más alimento y su progreso en crecimiento (peso y longitud) es adecuado, significa que está bien alimentado.

No existe un método para espaciar las tomas nocturnas, se debe ofrecer siempre que el bebé demande. En lineas generales el crecimiento es el que determina que el bebé necesite cada vez menos tomas para alimentarse.

La dieta de la madre influye en el sabor y en el tránsito intestinal del bebé. Por ejemplo, si la madre está tomando hierro es probable que el bebé tenga estreñimiento ocasional, o si la madre está tomando laxantes, es posible que el bebé realice deposiciones blandas.

Los botes de analíticas son perfectamente válidos para la congelación de leche materna extraída, no hay ningún inconveniente en utilizarlos.

En esta situación cobra mayor relevancia la alimentación a demanda, pues se supone que en este sistema el bebé se despierta porque tiene hambre y no se quedará dormido.

Si se le despierta para alimentarlo, el bebé come por instinto de succión, sin apetito y se queda dormido en el proceso, pudiendo esto ayudar a la acumulación de gases o a posibles regurjitaciones.

Es una situación definida por la desadaptación entre la producción de leche y las necesidades del bebé. Esto suele durar poco tiempo, ya que al aumentar la demanda y por tanto la succión, la madre se adapta produciendo más cantidad de leche de forma inadvertida.

En esta situación lo recomendado es acostumbrar al bebé a que el hecho de que la madre esté sentada no significa que sea el momento de tomar.

Esto es mejor hacerlo en momentos en los que se sepa a ciencia cierta que el bebé no tiene hambre (tras una toma). La madre debe sentarse pero no darle el pecho al bebé y explicarle calmadamente que ya ha comido y que el pecho debe «descansar un ratito».

Es una situación complicada pero con este entrenamiento se notará una mejoría considerable y el bebé y la madre podrán seguir disfrutando de la lactancia.

Si se produce poca leche lo recomendado es poner al bebé mucho en el pecho para que la madre tenga más leche gracias a la estimulación de la succión del bebé.

Si el peso del bebé se ve afectado por la insuficiencia de leche, el pediatra puede recomendar un apoyo puntual y provisional con formulas artificiales.

Esto sucede en ocasiones, es importante animar al bebé a acabar su toma para que así aguante más tiempo sin pedir alimento. De todos modos, no hay ningún problema en volver a darle de comer al poco tiempo si el bebé lo solicita.

Es importante distinguir dos situaciones, las regurgitaciones (leche parcialmente digerida que aparece en la boca del bebé) de los vómitos, obedecen a causas muy diferentes y por tanto la intervención es distinta.

Además el significado es diferente en función de la edad del bebé y su repercusión en la curva de crecimiento. Por ello podría consultarlo con el pediatra.

Las recomendaciones actuales de la Organización Mundial de la Salud son lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses.

A partir de esa edad son necesarios otros nutrientes que la leche materna no aporta. No obstante, la lactancia sigue todavía siendo fundamental y no está establecido el momento en el cual hay que abandonarla.

Depende del bebé y de la leche que tome.
En general la leche permanece en el estómago del recién nacido bastante tiempo, incluso puede llegar a horas y por eso a veces se observan regurgitaciones incluso tras varias horas tras la toma.
La leche materna parece tener un mejor vaciamiento gástrico.

El calostro es la leche materna de los primeros días después del parto, después de 5-10 días la leche ya ha cambiado, (leche de transición y posteriormente leche madura).

Tanto el calostro como la leche de transición o madura son buenas y adecuadas para lactar al bebé.
La leche madura puede cambiar en color, (de más blanca a más amarillenta), de una madre a otra, sin suponer esto ningún inconveniente.

La recomendación de la OMS es la lactancia natural exclusiva hasta los 6 meses, y esta se realiza a demanda.

Cuando no es posible, por el motivo que sea, las indicaciones para aumentar el volumen de la toma las marca el bebé, si les impresiona que queda con hambre, deben preparar más cantidad en la siguiente toma.

En cualquier caso, las necesidades de leche por toma varían de un niño/a a otro/a, siendo sin embargo muy similar la cantidad de leche total que toman en el día; así niños/as que toman cantidades altas de leche por toma hacen menos número de tomas que los que toman cantidades pequeñas por toma; en resumen se autorregulan.

La leche materna puede mantenerse hasta 24 horas en la nevera, después debe congelarse.

Como mucho, la leche de fórmula debe ser consumida en la hora posterior a ser preparada.

No hay alguna que sea la mejor, todas las leches de fórmula que se comercializan en España deben tener unos componentes en unas proporciones determinadas, que es lo que se ha demostrado bueno para el bebé.

A parte de esto, luego cada marca añade algunos componentes que podrían ser buenos, pero no está demostrado que sean imprescindibles.

La leche extraída y conservada en el congelador, se debe descongelar siempre al baño maría, nunca en el microondaas. También se puede dejar unas horas en la nevera para que se descongele, aunque cabe insistir que no se conserva más de 24 horas en ella.

Una vez descongelada se puede ofrecer a temperatura ambiente o levemente calentada al baño maría, sin dejar que hierva y controlando siempre la temperatura antes de ofrecérsela para evitar quemaduras.

Ante esta situación es aconsejable poner al bebé en el pecho antes de que sienta hambre para que no coja el pecho con tanta ansiedad. Si el problema continúa se debe consultar con una enfermera pediátrica o matrona si fuese el caso, para que nos asesore durante la toma por si la posición de agarre no es la adecuada.

Para ello lo ideal es tenerlo bien planificado, y hacerlo de forma gradual.
Inicialmente se empieza por «no ofrecer» y solo dar lactancia materna cuando es el niño/bebé quien lo demanda.
Más tarde se intenta anticipar el momento de la «toma» ofreciendo otros alimentos en su lugar, para no denegar el pecho cuando el niño tiene hambre.
También se puede, si el niño/a es algo mayor, explicar en qué situaciones no se va a lactar, (un ejemplo: no puedes tomar en el parque, pero sí­ por la noche antes de dormir).
De esta manera la producción de leche va bajando de forma natural y el niño va acostumbrándose a no depender siempre del pecho, y poder renunciar o esperar al momento oportuno en algunas situaciones.
Hay que tener en cuenta que el pecho no es solo alimento, también es seguridad, cariño, contacto con la madre y todas estas cosas las va a seguir necesitando, aunque sean facilitadas de otra manera, (cogerlo, acariciarlo, etc.).

En primer lugar debe asegurarse que el bebé ha vaciado el contenido de ambas mamas, es importante ya que la composición de la leche materna varía a lo largo de la succión.

Si la leche sobrante está en el biberón que ya ha tomado, el bebé debería consumirla como máximo en una hora, y esta se debería conservar en el frigorífico hasta entonces.

No se puede forzar a un bebé a comer más de lo que pide, porque se corre el riesgo de sobrealimentarlo o que el bebé vomite.

La evidencia de que el niño ha comido lo suficiente es en primer lugar que quede satisfecho, y en segundo, que el crecimiento en peso y longitud sean adecuados.

No existe ninguna contraindicación en dar el pecho si se es madre joven. Desde el momento en que la mujer está preparada para concebir, sus glándulas mamarias están listas para fabricar leche.

Si tu bebé no puede alimentarse directamente al pecho, o si tenéis que estar separados por cualquier motivo, inicia la extracción de leche materna lo antes que puedas tras el parto.

Los estudios muestran que iniciar la extracción durante las primeras horas (en el momento en que un recién nacido sano suele hacer su primera toma) ayuda a las madres a producir un mayor volumen de leche en los primeros días y semanas, por lo que ofrece a los bebés la mejor opción para alimentarse exclusivamente con leche de su propia madre.

No está definida, depende de cada bebé.  Lo importante no es la cantidad por toma sino lo que toma a lo largo del día, es decir puede tomar muchas tomas en pocas cantidades o pocas tomas y una mayor cantidad de leche. En principio se le puede dar al bebé la cantidad que desee hasta que este saciado.

La leche materna se conserva en el congelador por debajo de -18ºC hasta 6 meses. Es importante que la higiene de los procesos de congelación de descongelación sea muy estricta.

La lactancia materna exclusiva es la recomendación de la Organización Mundial de la Salud y de las sociedades científicas. En caso de que la madre tenga algún problema debe consultar con la matrona y/o el equipo de pediatría. También hay grupos de ayuda a la lactancia. Si se le tiene que ofrecer lactancia artificial por algún motivo, esta ha de ser una fórmula de inicio o tipo 1 hasta los 6 meses de vida.

La lactancia materna depende del estado de la madre y de si el bebé se queda satisfecho. En principio si la madre no está deshidratada, puede seguir amamantando, para ello, es esencial que se hidrate de forma suficiente.

Si se encuentra demasiado afectada, en ocasiones es conveniente tomar un suplemento. Lo que sí es relevante en estos casos es extremar las medidas higiénicas para evitar la contaminación del bebé.

Las indicaciones actuales son que el bebé hasta los 6 meses consuma leches de inicio 1, de los 6 a los 12 meses, leche de continuación 2, y a partir del año, en función de la dieta que haga el niño/a (debería tomar pescado una o dos veces a la semana para tomar ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga tipo omega 3), tomar leche como la que consuman sus padres (entera) o si no toma pescado, leche para niños/as pequeños/as (las mal llamadas leches 3) que aportan los omega 3 que no toma en la dieta.

Es habitual que los niños/as bien adaptados a lactancia materna rechacen las tetinas de caucho o silicona, así como el uso del chupete.

Para que aprendan a utilizar el biberón se recomienda extraer leche materna y dársela a través del biberón como primer paso, ya que el cambio de tetina y de tipo de leche puede ser incluso más costoso.

También se aconseja que el biberón se lo dé una persona que no sea la madre ya que a esta la asocia con tomar el pecho.

Se puede mezclar la leche extraída en diferentes tomas dentro de un mismo día, sin embargo la leche no se debe conservar sin congelar durante más de 24h, por eso no se deben mezclar de diferentes días.

La lactancia materna exclusiva es la recomendación de la Organización Mundial de la Salud y de las sociedades científicas.

Si por el motivo que sea es necesario suplementarla de forma transitoria con sucedáneos, lo idóneo es que se inicie la lactancia poniendo al bebé al pecho para que la succión estimule la producción de leche materna.

Al finalizar la lactancia materna, si el bebé queda con hambre (llora, sigue buscando…) se le puede ofrecer el sucedáneo en las cantidades de referencia que le recomiende su pediatra.

La leche materna es mucho mejor que los sucedáneos en polvo porque se trata de leche de la misma especie. Hay múltiples evidencias que lo demuestran tanto desde el punto de vista psicológico (vínculo), como inmunitario y nutricional.

Hay bebés que aceptan mayores cantidades por toma y establecen periodos de sueño más prolongados permitiendo espaciar las tomas.

Lo relevante en cualquier caso es el progreso en crecimiento longitudinal y en el peso, esto es lo que se evalúa entre otras cosas, en los sucesivos controles de salud con el equipo de pediatría. Si se tiene la sensación de que ha dejado de ganar peso o que toma mucho menos, debe consultarlo.

La preparación hormonal de las mamas durante el embarazo hace que ya desde que se inicia cambie la composición de la leche si aún estabas lactando a tu bebé anterior.
Este cambio de sabor y composición hace que algunos bebés se desteten por sí solos, pero no sucede en muchos casos.
Si se desea dar el pecho a ambos, lo que se conoce como lactancia materna en tándem, se debe ofrecer siempre el pecho primero al hijo/a pequeño/a, pues su alimentación depende exclusivamente de la leche, y luego al lactante mayor.
Los primeros días tras el parto, la madre segregará algo de calostro, pero lo más probable es que en poco tiempo ya se esté produciendo la «lactogénesis II» es decir, la leche de transición o leche ya madura, que se puede ofrecer a ambos bebés sin problema.

Aquella que permita que la madre esté cómoda y relajada, y que sitúe la boca del lactante próxima al pezón de forma que a través del reflejo de búsqueda, el bebé establezca el contacto con el pezón e inicie la succión.

La alimentación debe ser a demanda, sin un número preestablecido de tomas, ni intervalo horario definido. Los primeros 6 meses es frecuente que pidan antes de las 3 horas, especialmente si toman pecho.

La Organización Mundial de la Salud recomienda la alimentación con lactancia materna en exclusiva hasta los 6 meses de edad. Más allá de esta fecha, establecida la alimentación complementaria, los beneficios de la lactancia materna persisten y no hay un límite definido para abandonarla desde el punto de vista alimentario.

Conviene ofrecer la lactancia de ambos pechos al bebé e iniciarla por el último pecho que se le dio en la toma anterior.

De todos modos, es frecuente que el bebé se sacie con un solo pecho, sobre todo si la lactancia natural ya está consolidada.

A día de hoy aún no se sabe a ciencia cierta cuál es el origen del hipo. La teoría más aceptada es que se debe a una distención del estómago producida por aire cuando se come muy deprisa. No hay una fórmula exacta de cómo quitar el hipo, pero este se puede prevenir en el lactante vigilando que el agujero de la tetina no sea demasiado grande y haciendo parones durante la toma e intentando facilitar el eructo.