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Tercer año

Para ayudar a los niños a combatir la infección al tiempo que se cuida de su flora bacteriana, se pueden administrar los probióticos a lo largo de la duración del tratamiento con el antibiótico y prolongarlo una o dos semanas más. Pasado este periodo, los que aportan los derivados lácteos deberían ser suficientes.

Las enfermedades que más frecuentemente se asocian a este tipo de lesiones en las uñas de los pies son la dermatitis atópica y la anemia ferropénica, ambas cosas fácilmente descartables por el pediatra.

Si esto sucede, la causa más común es la vulvovaginitis inespecífica, que habitualmente con una buena higiene se resuelve sin mayor complicación. En ocasiones se puede utilizar alguna crema específica. Debe evitar utilizar prendas tipo «leggins» muy ajustadas que fuerzan el contacto de la ropa interior con la vulva.

Si el niño pisa mal pero esto no es demasiado exagerado o llamativo, la causa más probable es la anteversión femoral, que normalmente se corrige con la edad. En cualquier caso este tipo de dudas debe consultarlas con su pediatra.

La laparoscopia es una técnica mínimamente invasiva que se puede realizar con fines diagnósticos o terapéuticos. Realizada por profesionales entrenados adecuadamente y con la medicación necesaria no comporta problemas para el paciente. Es importante que cuando realice el proceso de consentimiento informado con el equipo responsable, traslade todas auquellas dudas o cuestiones que le produzcan inquietud.

La caída del cabello en niños puede ser secundaria a múltiples causas: dermatitis seborreica, enfermedades alérgicas, alteraciones nutricionales, alteraciones metabólicas, déficits de hierro o zinc, alopecia areata…

Es motivo de consulta con su pediatra.

Por encima de los 18 meses de edad y probablemente antes, se debe retirar la succión. Si el niño no quiere beber leche en un vaso o taza no se le debe forzar, no hay ningún inconveniente en que tome menos cantidad de leche a esta edad.

Se le puede ofrecer en su lugar desayunos variados (yogurt, tostadas, algo de fruta…) o algo de leche con cereales para que los tome con cuchara, pan con queso o con lonchas de jamón o aguacate, un puñado de frutos secos picaditos…

Si a los tres años el niño no habla pero se relaciona correctamente, interactúa bien, entiende lo que se le dice y se comunica a su manera, puede que esto sea un déficit aislado, que además suele ser transitorio. En cualquier caso, los niños que no hablan o no construyen frases simples con dos años de edad, deben ser seguidos de cerca, preferentemente en un centro de atención temprana

Las normas de alimentación en casa las establecen los padres, partiendo de las capacidades de los niños para ingerir los diferentes alimentos y sus texturas. Si al niño que tiene dificultades para abandonar rutinas previas se le afirma en su costumbre volviendo a semisólidos o líquidos, tardará mucho más tiempo del debido en dar el paso. En caso de pérdida de peso o reacciones alérgicas, debe consultar con su pediatra.

Para proteger del sol a un niño de 3 años sirve cualquier crema de factor 50. Esta se debe aplicar de forma frecuente, incluso las que son resistentes al agua. Estas últimas, si el niño permanece en el agua por más de 20 minutos, dejan de ser efectivas, por lo que pasado este tiempo se debería volver a aplicar la protección solar.

En cualquier caso, cuando se va a exponer a los niños al sol en verano, es mejor hacerlo en las horas no centrales del día, como a primera hora de la mañana o última de la tarde.

A los tres años de edad debería haberse adquirido una buena higiene del sueño, de no ser así, las normas básicas consisten en mantener un horario regular, no realizar actividades estimulantes inmediatamente antes o al acostarse, y desde dos horas antes, reducir los estímulos, evitando pantallas, poniendo las luces de casa lo más tenues posible… y en la medida de lo posible evitando ruidos en casa, especialmente en las inmediaciones de su habitación.

También ayuda realizar alguna actividad tranquila, como leer un cuento antes de irse a la cama. El ejercicio al aire libre por la tarde ayuda a que, por la noche, la melatonina actúe mejor.

En cualquier caso, si siguiendo estas normas básicas no hay descanso y sobre todo su ausencia repercute en la actividad diaria debe consultarlo con su pediatra.